Somos hijos e hijas amados de Dios

Hermanos y hermanas, cada an o la Cuaresma nos conduce al desierto con Jesu s. No es un camino de castigo ni de tristeza, sino un tiempo de encuentro. Dios nos invita a alejarnos un poco del ruido para recordarnos una verdad fundamental: somos sus hijos e hijas amados.

Las lecturas de hoy nos presentan dos escenas muy distintas: Ada n y Eva en el jardí n, rodeados de abundancia, y Jesu s en el desierto, en medio de la carencia. Y, sin embargo, ocurre algo sorprendente: donde parecí a haberlo todo, el ser humano cae; y donde no hay nada, Jesu s vence. ¿Por que ? Porque Jesu s confí a plenamente en el amor del Padre.

La tentacio n comienza cuando dudamos de ese amor. Cuando pensamos que Dios no es suficiente y que necesitamos algo ma s para ser felices. Eso mismo nos pasa a nosotros cuando decimos: “Si tuviera esto…”, “si lograra aquello…”. Poco a poco, el corazo n se llena de desconfianza.

Jesus nos muestra otro camino. En el desierto, cansado y con hambre, se aferra a una certeza: “Soy el Hijo amado del Padre”. Desde ahí enfrenta y vence toda tentacio n. Nos ensen a que no es la fuerza de voluntad la que nos salva, sino una relacio n viva y confiada con Dios.

Las tentaciones del demonio son las mismas que enfrentamos todos los dí as: 1.) “Convierte estas piedras en pan.” La tentacio n de satisfacer primero nuestras propias necesidades. De hacer de la comodidad el bien supremo. De tratar la fe como algo u til solo cuando nos beneficia. 2.) “Échate para abajo.” La tentacio n de exigirle pruebas a Dios, de decirle: “Creeré en ti… si haces lo que te pido.” 3.) “Póstrate y te daré todo.” La tentacio n de comprometer nuestros valores. De cambiar la integridad por el e xito, la popularidad y el poder.

Jesus rechaza estas tentaciones no porque sean absurdas, sino porque son atajos. Y los atajos, aunque parezcan fa ciles, siempre terminan aleja ndonos de Dios y de nuestra verdadera identidad. El Evangelio de hoy no es sobre tentacio n nos habla de nuestra identidad. Antes que pecadores, antes que de biles, antes que heridos, somos hijos e hijas amados de Dios. No porque seamos perfectos, no porque nunca fallemos, sino porque Dios nos ha elegido, nos ha llamado por nuestro nombre y nos ha hecho suyos.

Que esta Cuaresma sea un tiempo para volver a escuchar esa voz que nos dice: “Eres mi hijo amado. Eres mi hija amada.” Y desde ahí , con el corazo n lleno de confianza, caminar con Jesu s hacia la vida nueva.

Dios es Bueno, Todo el Tiempo!

Padre Tony Udoh, MSP

Pastor de Holy Family