Misión cuaresmal – un tiempo de gracia y sanación

Cada año, el tiempo de Cuaresma nos invita a hacer una pausa, a reflexionar y a volver más profundamente al Señor. Como familia Parroquial, iniciamos un momento especial de gracia: nuestra Misión de Cuaresma. Este tiempo de oración y reflexión es una hermosa oportunidad para renovar nuestra relación con Cristo y preparar nuestros corazones para la alegría de la Pascua. “Si conocieras el Don de Dios”, no dejarías pasar esta oportunidad llena de gracia.

Al celebrar hoy el Cuarto Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos presenta el conmovedor relato del hombre nacido ciego en el Evangelio de San Juan. Jesús le devuelve la vista física, pero, aún más importante, le abre los ojos del corazón. Al final de la historia, el hombre puede decir con fe: “Señor, creo.”

Una vez más, el Evangelio de hoy nos recuerda que la Cuaresma no se trata solo de dejar cosas, sino de permitir que Cristo abra nuestros ojos. Muchas veces caminamos por la vida sin ver realmente: sin reconocer la presencia de Dios, sin darnos cuenta de las necesidades de los demás y sin ver con claridad aquellas áreas de nuestra vida que necesitan conversión. Nuestra Misión de Cuaresma quiere ayudarnos a detenernos y permitir que la luz de Cristo ilumine nuestros corazones.

El Cuarto Domingo de Cuaresma también es conocido como Domingo Laetare, un día que nos invita a alegrarnos incluso en medio de nuestro camino Cuaresmal. La Iglesia nos recuerda que la luz de la Pascua ya se acerca. Nuestra Misión Parroquial forma parte de esa luz. Es un tiempo en el que el Señor desea renovar nuestra fe, fortalecer nuestra esperanza y profundizar nuestro amor.

Una Misión Parroquial es más que una serie de charlas; es un encuentro espiritual. A través de la predicación de la Palabra de Dios, momentos de oración con la Exposición del Santísimo Sacramento y las Confesiones, el Señor nos ofrece la gracia de la sanación y la renovación. I

nvito cordialmente a cada miembro de nuestra Parroquia a participar. Ya sea que puedas venir todos los días o aunque sea solo una noche, abra su corazón a lo que Dios quiere hacer en su vida. Traiga a su familia, invite a un amigo y venga dispuesto a escuchar la voz del Señor.

Como el hombre del Evangelio, permitamos que Jesús toque nuestra vida para que también nosotros podamos ver con mayor claridad y proclamar con fe: “Señor, creo.” Que esta Misión de Cuaresma sea un verdadero momento de gracia para toda nuestra Parroquia mientras continuamos nuestro camino hacia la celebración de la Resurrección en la Pascua.

Dios es Bueno, Todo el Tiempo!

Padre Tony Udoh, MSP

Pastor de Holy Family