¡No basta con decir que sí, hay que hacerlo!

Hay momentos en la vida en que de corazón queremos hacer lo correcto. Tenemos buenas intenciones. Nos prometemos a nosotros mismos, a nuestra familia y hasta a Dios: “Voy a cambiar. Voy a rezar más. Voy a perdonar. Voy a tener más paciencia”. Y a veces lo decimos con toda sinceridad. Pero luego se nos llena la vida de pendientes. Vuelven las viejas costumbres. Dejamos el cambio para después. Nos decimos: “Mañana lo hago”.

Es fácil decirle que sí a Dios. La verdadera pregunta es si nuestra vida demuestra ese sí. Decimos: “Sí, Señor, yo creo”, pero ¿Confiamos en Él cuando la vida se pone difícil? Decimos: “Sí, Señor, yo perdono”, pero ¿De veras soltamos el rencor? Decimos: “Sí, Señor, te voy a seguir”, pero ¿Reflejan nuestras decisiones ese compromiso? 

Tal vez por eso el Evangelio de hoy nos habla de una manera tan directa. Jesús nos cuenta de un padre que les pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a su viña. Uno le dice que no, pero después se arrepiente y va. El otro le dice que sí, pero nunca va. Entonces Jesús hace una pregunta que va más allá de aquellos dos hijos y llega directo a nuestro corazón: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”.

El mensaje es muy claro: ¡No basta con decir que sí, hay que hacerlo! Dios no necesita otra promesa nuestra. Nos está invitando a dar el siguiente paso. Tal vez hay alguien a quien necesitamos perdonar, o un pecado que debemos dejar de justificar. Tal vez hay una relación que necesitamos sanar, o necesitamos volver a la Confesión. Tal vez necesitamos comenzar a rezar de nuevo.

La vida cristiana no consiste solamente en tener buenas intenciones. Consiste en permitir que la gracia de Dios nos lleve del “debería hacerlo” al “lo haré”, y del “lo haré” al “ya lo hice”. Lo hermoso del primer hijo es que su primera respuesta fue no, pero su respuesta final fue sí, y la expresó con sus acciones. Esto quiere decir que nuestro pasado no tiene por qué determinar nuestro futuro. Si le hemos fallado a Dios, podemos volver a Él. Si nos hemos alejado, podemos regresar a casa. Si hemos dicho “no”, todavía podemos decir “sí”. Dios aún no ha terminado su obra en nosotros.

Así que hoy demos un paso concreto. No digas solamente: “Voy a perdonar”. Perdona. No digas solamente: “Voy a rezar”. Reza. No digas solamente: “Voy a cambiar”. Comienza. Porque, al final del día, Dios no nos va a preguntar cuántas buenas intenciones tuvimos. Nos preguntará: “¿Hiciste mi voluntad?”.

¡Dios es bueno, todo el tiempo!

Padre Tony Udoh, MSP

Pastor de Holy Family